LA INMOVILIZACIÓN SOCIAL OBLIGATORIA
¿Un nuevo error
estratégico?
Ante
el fracaso de la lucha contra el COVID-19, el retorno de la inmovilización
social obligatoria los días domingo, es una decisión arbitraria y obstinada, que
profundiza la crisis económica en especial de las familias más pobres. Seguida de
la repercusión severa en la salud emocional que se encuentra en completo abandono.
Por otro lado, el aumento de la inseguridad ciudadana, la delincuencia común y
la criminalidad organizada, sumado a la corrupción siguen evidenciando la
fragilidad de un estado fragmentado.
¿Cómo
garantizar la responsabilidad de todos para frenar el avance del virus, sobre
una estrategia fallida que no tuvo resultado positivo? La gestión de lucha
contra la pandemia es un desastre espectacular por donde se le ve. El sentido
común es la mejor consejera cuando se trata de algo práctico. Como dice el
dicho popular: “el remedio fue peor que la enfermedad”. Ningún decisor serio de
políticas públicas implementaría la misma estrategia, sin antes evaluar a profundidad
lo que hay detrás de la estrategia que no ha funcionado.
Han
pasado cinco meses desde que se inició el estado de emergencia nacional
sanitaria y la desgracia continua. Se habla de rebrote como si se hubiera
controlado la COVID-19. Ahora con el retorno de la inamovilidad de los días
domingos, los pobladores de los conos de la gran Lima Metropolitana seguirán
saliendo a buscarse la vida del pan diario.
El
sentir de millones de peruanos es la impotencia y frustración porque sus
posibilidades de sobrevivencia se encuentran amenazados en una suerte de
incertidumbre entre la vida o la muerte. Veamos la percepción del ciudadano Luis
Areche Rojas de 34 años de edad, con DNI N° 41901581. Lirqueño de la provincia
de Angaráes-Huancavelica; quien se desplaza entre Lima-Huancavelica y viceversa.
A la pregunta: ¿Qué opinas de la nueva inmovilización social que se pondrá en
marcha los días domingo?
Perdóname
que te diga de corazón ¿a quién favorece esta pandemia? solo a los grandes mafiosos,
a los poderosos de farmacias, a los vendedores de pruebas, oxígenos, todo eso, ¡son
una tira de ladrones! ¿Qué crees que han hecho con la canasta? los alcaldes devolvieron
el favor a los que votaron en su campaña, eligieron solo a sus allegados ¿Sabes
que la cuarentena fue una quiebra total? ya fue ya, esto no ha funcionado, ni
funcionará. El pueblo ya está aburrido y cansado ¿Porque tienen que seguir chocando
con mi libertad?
¿Nuevamente
con la cuarentena? tanta gente sale los domingos a vender sus juguetitos, sus
negocitos. En su debido momento debió haber parado en seco, cerrando las
fronteras, no ahora cuando ya colapsó todo, tanta cojudez. Dime tú ¿el bono a
quién favoreció? los verdaderos necesitados no han recibido. ¡Maldito bono! Nos
enseña a estirar la mano como mendigos. A las autoridades quisiera decirle que vengan
a ver el sufrimiento en los AA.HH.; la luz ha perjudicado a muchos, no hay congelamiento
bancario y nuestros hermanos del campo no tienen para comer, comprar medicinas tan
caras ¿de dónde crees que se van a sostener? Los sábados y domingos la gente ya
se estaba acostumbrando a ser su vida normal, si prohíben ahora, los sábados será
entonces una salida masiva para hacer sus comprar y el contagio será terrible.
Tienen
plata en el fisco, pero no saben administrar; tienen el poder en las manos,
pero no saben decidir; tienen recursos para reactivar la economía, pero no
saben priorizar empezando por los más pobres. Como dice el refrán: “si no sabes
a dónde vas, cualquier camino te llevará allí”.
El
problema central de la gestión de riesgo de la pandemia, estriba en la incapacidad
de comprensión de las formas de vida de sus habitantes y la falta de formulación
de un conjunto de estrategias, donde participen los profesionales de las
ciencias sociales[1]
y médicas, priorizando las diversas actividades operativas a ejecutar de manera
sincronizada y diacrónica, donde participen de manera articulada los gobiernos
locales, regionales y nacionales.
A
estas alturas, es ilógico y contraproducente retomar la inmovilización social
los domingos, sin antes discernir los problemas en su real dimensión, lo cual
exige entre otros, el reconocimiento del trasfondo de la vida de los pobladores
de composición mayoritariamente provinciana, que perviven en los diferentes
espacios de los AA.HH., como producto del fenómeno migratorio del campo hacia
la ciudad, quienes vienen en busca de trabajo y mejores condiciones de vida.
Los
diversos problemas que aquejan a los pobladores de los distritos populosos de
Lima, así como de las regiones del país, son problemas estructurales propios de
un Estado heterónomo, que administra la crisis gubernamental en todos los
sectores del aparato estatal. Por tanto, no se le puede trasladar la
responsabilidad a los pobladores del contagio masivo de la COVID-19, aduciendo
que el no acatamiento de las medidas de bioseguridad, en especial los aglomeramientos,
son de incumbencia de la propia ciudadanía, por lo que esta patraña
gubernamental, es una verdadera afrenta que acentúa el divorcio entre la
población y el Estado. Es más, en lugar de autocriticarse, se lava las manos
como Poncio Pilato.
La
miopía gubernamental es impresionante e irracional cuando es el principal
causante del caos, de la desocupación, del hambre y la miseria humana como
producto de las brechas de la desigualdad social, que se reproducen de
generación en generación. En estas condiciones ¿Con qué autoridad moral los
decisores de políticas públicas, pueden exigir el acatamiento de la distancia, las
medidas de bioseguridad; si el centralismo capitalino ha generado el
crecimiento demográfico poblacional sin criterio de planificación urbanística,
donde muchas familias viven en una misma casa en situación de hacinamiento? Observa
los cerros, lleno de casas de estera, sin servicios básicos de luz, agua y
desagüe. Además, las desigualdades estructurales han hecho que el modus vivendi y el modus operandi de estos pobladores de extrema pobreza giren en
torno al trabajo informal del día a día, suspender el derecho fundamental del
trabajo, en este caso diario del pan llevar, es atentar contra la propia vida. Un
simple descuido en su alimentación podría desencadenar un conjunto de problemas
físicos y emocionales, donde la ecuación de trabajo y salud, son caras de una
misma realidad.
Por
otro lado, el tema cultural y educativo en esta lucha han brillado por su ausencia.
El tratamiento de estas temáticas es de capital importancia, no solamente porque
coadyuva en la formulación de los grandes lineamientos estratégicos de lucha
contra la temible plaga; sino se constituye en el insumo necesario para la
materialización del trabajo de los profesionales de la salud; nada de esto ha
ocurrido. Sin embargo, es necesario aún proponer algunas estrategias que
permitan articular los esfuerzos de manera mancomunada, esta vez desde las
experiencias colectivas de abajo hacia arriba.
1. Mapear las zonas de alta
concentración poblacional, a fin de establecer cercos epidemiológicos de
testeo, identificación, aislamiento, medicación y seguimiento.
2. Constituir coaliciones y
responsabilidades liderados por los gobiernos locales.
3. Priorizar la entrega de los bonos
según las necesidades más sentidas de familias en estado de vulnerabilidad.
4. Sensibilizar y socializar los
contenidos de bioseguridad en los diferentes espacios, a través de los
promotores sociales voluntarios, liderados por las instituciones educativas.
5. Converger y asignar la
responsabilidad compartida, para establecer centros de auxilio y salud
preventivo comunitario (CASPC), bajo el liderazgo de postas y centros médicos.
6. Realizar campañas de reclutamiento
y registro de líderes barriales, voluntariados, líderes religiosos, activistas,
ONG y filántropos, para implementar el socorro comunitario de acciones de apoyo
a los comedores populares, ollas comunes, acopio de alimentos y reparto de
víveres.
En
una eventual aplicación de las estrategias propuestas, de alguna manera frenaría
el avance de esta pandemia sin necesidad de entrar en la cuarentena, aun así,
estas medidas serían insuficientes por la compleja concurrencia de factores
socioculturales, socioeconómicos, socioeducativos y la diversidad de
idiosincrasias que compiten en una sociedad desigual violenta y consumista,
donde predomina el “sálvese quien pueda” acondiciona la asimilación y
adaptación a los nuevos valores que impone la ciudad. Frente a este problema
estructural, las soluciones plausibles están en relación al ordenamiento
territorial; descentralización y regionalización real, con autonomía de
decisión y presupuesto propio, desafío mayor que trasunta necesariamente por la
refundación del Estado materializado en una nueva Constitución política.
Por
estas razones, la inmovilización social donde se prohíbe las reuniones
familiares, sociales y deportivas, sería una medida estéril que agravaría la ya
débil economía familiar. Contrario a esta medida, el gobierno debe propiciar
acciones de responsabilidad compartida bajo el liderazgo de las municipalidades
y las demás instancias para un trabajo coordinado. En esta perspectiva cabe identificar
los focos de contagio, a fin de implementar creativamente los cercos
epidemiológicos, priorizando la implementación de las acciones preventivas y
curativas de acuerdo a las necesidades de salud de los ciudadanos. Al mismo
tiempo, hay que generar sinergias con todos los niveles de gobierno y de la
sociedad civil en su conjunto en pro de la reactivación económica a partir de
las experiencias del trabajo colectivo tradicional del ayni en la perspectiva de la solidaridad.
[1]
La participación de los médicos, economistas, abogados, antropólogos,
sociólogos, psicólogos sociales, comunicadores, educadores, entre otros, son
determinantes en esta guerra pandémica. Es más, las voces de los cientistas
sociales, no se dejan escuchar, están quedándose en la anomia, dicho de otro
modo, están en la suspensión perfecta, excepto los médicos y economistas que de
alguna manera se pronuncian.
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