Por Félix Tito Ancalle
Estoy rodeado de personas, familiares y amigos. Todo el tiempo identifico en ellos, anomalías, defectos y errores de toda cualidad. Mi relacionamiento se hace tensa, no puedo comprenderlos.
Quisiera alejarme de este ¡maldito! entorno social hacia horizontes sin frontera. Después de un paso efímero y narcisista de mi ser, retorno a mi realidad existencial, envolviéndome lentamente con la muerte óntica.
Agobiado por las vicisitudes de mi vida reflexiono acerca del saber vivir bien ¿Quién conoce o sabe de la convivencia equilibrada? Mi angustia existencial es sólo vivenciado por mí ser, incognoscible a toda percepción de los individuos.
Mi naturaleza humana es algo enigmático, nadie conoce mí interioridad y mi conciencia. Mi pensar y mis actos son verdades sólo para mí, que me hace diferente. Pero, ¿Qué ilusión es el ser humano? Como dijera Pascal “¡Qué novedad, qué monstruo, qué caos, qué sujeto de contradicciones, qué prodigio! Juez de todas las cosas, imbécil gusano de tierra, depositario de la verdad, cloaca de la incertidumbre y el error; gloria y hez del universo. ¿Quién desenmarañará este embrollo?”
Todos juzgamos a la apariencia de nuestros actos, desconociendo cuan profunda son nuestras vicisitudes personales, colmado de acontecimientos, logros y dificultades, prejuicios y paradigmas que impiden la convivencia armónica entre los seres humanos, colisionando con la libertad de los otros y generando conflictos de toda índole.
Entonces ¿Quien soy para juzgar sus formas de ser y sus actuaciones de los otros a partir de mi razón moralizante? ¡Miserable de mí!, no me doy cuenta que, juzgando los mínimos detalles de sus atributos de mi otredad, contamino mi propio ser.
Estoy rodeado de personas, familiares y amigos. Todo el tiempo identifico en ellos, anomalías, defectos y errores de toda cualidad. Mi relacionamiento se hace tensa, no puedo comprenderlos.
Quisiera alejarme de este ¡maldito! entorno social hacia horizontes sin frontera. Después de un paso efímero y narcisista de mi ser, retorno a mi realidad existencial, envolviéndome lentamente con la muerte óntica.
Agobiado por las vicisitudes de mi vida reflexiono acerca del saber vivir bien ¿Quién conoce o sabe de la convivencia equilibrada? Mi angustia existencial es sólo vivenciado por mí ser, incognoscible a toda percepción de los individuos.
Mi naturaleza humana es algo enigmático, nadie conoce mí interioridad y mi conciencia. Mi pensar y mis actos son verdades sólo para mí, que me hace diferente. Pero, ¿Qué ilusión es el ser humano? Como dijera Pascal “¡Qué novedad, qué monstruo, qué caos, qué sujeto de contradicciones, qué prodigio! Juez de todas las cosas, imbécil gusano de tierra, depositario de la verdad, cloaca de la incertidumbre y el error; gloria y hez del universo. ¿Quién desenmarañará este embrollo?”
Todos juzgamos a la apariencia de nuestros actos, desconociendo cuan profunda son nuestras vicisitudes personales, colmado de acontecimientos, logros y dificultades, prejuicios y paradigmas que impiden la convivencia armónica entre los seres humanos, colisionando con la libertad de los otros y generando conflictos de toda índole.
Entonces ¿Quien soy para juzgar sus formas de ser y sus actuaciones de los otros a partir de mi razón moralizante? ¡Miserable de mí!, no me doy cuenta que, juzgando los mínimos detalles de sus atributos de mi otredad, contamino mi propio ser.
Buena publicacion,en mis trece años de vida nunca habia leido algo similar, y es muy bueno porque esta lectura hace reflexionar sobre la vida misma y de los demás porque como dice en la lectura que uno no puede juzgar a los demas, si antes conocerlos, porque todos somos diferentes en pensamiento y en forma de actuar.
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