Félix Tito Ancalle
La construcción de capacidades en la institución educativa, a partir de la diversidad cultural, tipología de instituciones educativas, participación de la comunidad educativa y en correspondencia con las necesidades más sentidas de los estudiantes, es una prioridad básica para el éxito de una gestión educativa autónoma.
Toda institución educativa está conformada por profesores, estudiantes, padres de familia y otros; los cuales se estructuran en organizaciones de acuerdo a la naturaleza y objetivos de la institución educativa, y procuran dinamizar el conjunto de actividades educativas en atención a los aprendizajes y formación integral de los estudiantes, ejerciendo sus responsabilidades que se expresan en términos de funciones.
La ejecución de las funciones requiere el desarrollo de ciertas capacidades, que la institución educativa establece para el logro de sus objetivos. La práctica o el ejercicio de esas capacidades, demanda de habilidades y destrezas reales para lograr “funcionamientos”, en el sentido de Amartya Sen. Según Sen, estos “funcionamientos” representan parte del estado de una persona, las cosas que logra hacer al vivir.
El funcionamiento adecuado de una institución educativa es gracias a la buena acción de los actores educativos, quienes le dan un sentido positivo al movilizar conjunto de acciones educativas, lo que exige la práctica de ciertas capacidades de la persona: habilidades, destrezas, estrategias, técnicas y procedimientos en el manejo de complejos procesos de funcionamientos que puede lograr.
Empero, ¿De qué capacidad estamos hablando? ¿No será la capacidad de manejo de una determinada área instrumental? No, estamos refiriéndonos a la capacidad de decisión, dirección, conducción y ejecución del sistema de gestión educativa; lo cual requiere no solamente del ejercicio de la autonomía de la institución educativa, para actuar libremente y ser capaz de impulsar el bienestar para todos sus miembros, sino la capacidad de tender puentes y transitar hacia el logro de ese bienestar, es decir, en la consecución de metas y objetivos generales de la institución educativa, y la realización ulterior del ser en sí.
La capacidad como facultad humana subyace al sujeto, se desarrolla a partir de las necesidades de sobrevivencia, y para alcanzar el bienestar o el deseo de realizarse, necesita de ciertas capacidades múltiples, no obstante, la capacidad depende de varios factores: características personales y las sucesivas adaptaciones socioculturales en contextos diversos, que implica la habilidad de una persona para lograr varios funcionamientos. Esta es la razón de ser de las instituciones educativas para canalizar y reforzar esas capacidades, lo cual requiere de políticas educativas coherentes en el marco de la descentralización y autonomía educativa.
En los momentos actuales, la apuesta por la gobernabilidad educativa es una demanda de muchos sectores de la sociedad civil. El reconocimiento de las diferencias entre las personas, la atención de las necesidades básicas y características de los estudiantes, el conocimiento y análisis de la diversidad cultural local, regional, nacional y global, en la cual está inmersa la institución educativa, entre otros, son elementos básicos para establecer primero las funciones de la institución educativa y luego proceder a explorar las capacidades en sentido de actividad.
Para responder a la compleja realidad educativa, urge instaurar la autonomía en la gestión educativa con capacidades en constante innovación y redefinición, ya que éstas varían con el transcurso del tiempo debido a cambios culturales, económicos, políticos, sociológicos y tecnológicos.
La gestión educativa demanda entre otros, un servicio educativo de calidad en la dimensión de la autonomía, que se traduce en el conjunto de capacidades que los actores educativos despliegan en ese basto horizonte de procesos de la gestión educativa, las cuales orientan su accionar en atención prioritaria a la persona humana, es decir, los estudiantes.
En ese sentido, el conjunto de capacidades contienen informaciones diversas sobre el funcionamiento real, a partir de las funciones establecidas. Por lo tanto, la calidad de la gestión educativa debe evaluarse en términos de sus capacidades. Una capacidad es la habilidad o potencial para hacer algo, más técnicamente, para lograr un cierto funcionamiento: conducir, guiar, desenvolverse, concertar, resolver problemas en todo y cada uno de los procesos de la gestión educativa. De tal manera que las capacidades de gestión educativa no deben ser evaluados de acuerdo con los logros reales de la gestión, los productos o resultados, sino según el conjunto de procesos reales que se expresan en la libertad o autonomía de lograr el bienestar de los miembros de la institución educativa.
En consecuencia, la categoría capacidad es el insumo básico, natural para alcanzar la idea de la autonomía escolar. Pues la capacidad para funcionar refleja lo que una institución educativa puede hacer, en ese sentido, la capacidad es una noción de tipo libertad o autonómico, que refleja la toma de decisión propia de la institución educativa para elegir entre diferentes formas de hacer gestión educativa.