martes, 31 de agosto de 2010

FUERZA DEL HUAYNO EN HUAYCÁN

Rodrigo Montoya Rojas

El libro “Sunchu: el wayno en la formación de la identidad” que será presentado el sábado 4 de setiembre próximo a las 5.30 pm, en local del Consejo Ejecutivo Central de Huaycan (Plaza principal), es fruto de una tesis con la que Félix Tito Ancalle obtuvo el grado de Magister en la Universidad Mayor de San Simón, Cochabamba, Bolivia, en 2005, dentro del Programa de formación de Profesores interculturales y bilingües PROEIBANDES. Como miembro del jurado de esa tesis, me alegra muchísimo ver el libro publicado.

Dos son sus tesis centrales: 1. El wayno existe y crece solo, como el “sunchu”. Tito usa una metáfora, se sirve del sunchu, una yerba silvestre de flor amarilla que crece en medio de los trigales, en buenos y malos tiempos, porque sus semillas están guardadas en la tierra y sólo requieren de un poco de agua para germinar. A pesar de todas las extirpaciones de idolatrías desde tiempos coloniales para tratar de acabar con las culturas andinas, el wayno ha sobrevivido y goza de buena salud porque tiene la fuerza y la independencia de una yerba silvestre. 2. las autoridades educativas no tienen en cuenta el valor que tiene el wayno en la formación de la identidad en Perú. Desde que apareció la primera escuela formal en Lima, poco después de la fundación de Lima, los funcionarios de las altas esferas del Perú colonial oficial, no tienen ojos para ver las yerbas silvestres que crecen robustas y autónomas, ni la sensibilidad indispensable para aprender de todo lo que saben los pueblos andinos y amazónicos.

Estas dos proposiciones centrales brotan con naturalidad del conocimiento y sensibilidad de Félix Tito, un profesor bilingüe e intercultural, nacido y crecido entre los Anqara, en tierras de Huancavelica, que se siente orgulloso de ser andino quechua y que está profundamente convencido de que la educación será más peruana en la medida en que sea más generalizadamente bilingüe e intercultural.

Híbrido, cambiante, contradictorio, clásico, con versos poéticos o sólo para bailar, el wayno volvió a surgir en Lima y reapareció en Huaycán, la nueva ciudad en los suburbios de Lima en la que trató de repetirse la experiencia de Villa el Salvador. En los arenales calientes y fríos de Huaycán, Félix Tito encontró los waynos nuevos, parecidos y distintos a los que él traía de Huancavelica. En esos dos componentes tenía el material para su tesis. Le preocupaba y preocupa el tema de la identidad porque a él le gustaría, como a mí, que el espejo nos devolviera un rostro que todos aceptemos con alegría y que no nos haga llorar. Cuando los migrantes andinos y los habitantes de las tierras altas y los valles interandinos ya no sientan vergüenza de parecerse a Manco Cápac, habrán roto las cadenas que los une aún al poder colonial. Entre tanto, puede tomarse la fuerza y la independencia de la música andina como un recurso para que las peruanas y peruanos nos veamos con respeto. Este proceso ya es visible, está ocurriendo de modo silvestre, para seguir usando la metáfora de Félix Tito. Pero hace falta multiplicar esa fuerza. Su libro apunta en esa dirección.
Fuente: Diario La Primera.

miércoles, 25 de agosto de 2010

FILOSOFÍA DEL SABER CONVIVIR

Por Félix Tito Ancalle

Estoy rodeado de personas, familiares y amigos. Todo el tiempo identifico en ellos, anomalías, defectos y errores de toda cualidad. Mi relacionamiento se hace tensa, no puedo comprenderlos.

Quisiera alejarme de este ¡maldito! entorno social hacia horizontes sin frontera. Después de un paso efímero y narcisista de mi ser, retorno a mi realidad existencial, envolviéndome lentamente con la muerte óntica.

Agobiado por las vicisitudes de mi vida reflexiono acerca del saber vivir bien ¿Quién conoce o sabe de la convivencia equilibrada? Mi angustia existencial es sólo vivenciado por mí ser, incognoscible a toda percepción de los individuos.

Mi naturaleza humana es algo enigmático, nadie conoce mí interioridad y mi conciencia. Mi pensar y mis actos son verdades sólo para mí, que me hace diferente. Pero, ¿Qué ilusión es el ser humano? Como dijera Pascal “¡Qué novedad, qué monstruo, qué caos, qué sujeto de contradicciones, qué prodigio! Juez de todas las cosas, imbécil gusano de tierra, depositario de la verdad, cloaca de la incertidumbre y el error; gloria y hez del universo. ¿Quién desenmarañará este embrollo?”

Todos juzgamos a la apariencia de nuestros actos, desconociendo cuan profunda son nuestras vicisitudes personales, colmado de acontecimientos, logros y dificultades, prejuicios y paradigmas que impiden la convivencia armónica entre los seres humanos, colisionando con la libertad de los otros y generando conflictos de toda índole.

Entonces ¿Quien soy para juzgar sus formas de ser y sus actuaciones de los otros a partir de mi razón moralizante? ¡Miserable de mí!, no me doy cuenta que, juzgando los mínimos detalles de sus atributos de mi otredad, contamino mi propio ser.